El secretario se sintió completamente desorientado. ¿Acaso sus oídos le estaban jugando una broma? ¿El CEO estaba hablando en serio sobre su pobreza? Era una locura pensar que el hombre más rico del país renegara de su fortuna.
Estaba a punto de dejar caer su teléfono de incredulidad cuando recordó el proverbio chino que siempre lo inspiraba: "Amarra tu caballo antes de entrar al pueblo". Decidió tomar algunas respiraciones profundas para calmarse. Si el CEO quería ocultar su riqueza momentánea