El teléfono casi se le cae de la mano a Astrid cuando oyó el alarido furioso de su padre al otro lado de la línea.
¿Qué demonios le pasa?
La voz de su madre se coló entre el ruido.
—Tranquilízate, amor, no te alteres, no le des un susto a nuestra hija…habla con ella con serenidad…
Astrid frunció el ceño. ¿Por qué su madre tenía que intervenir para apaciguar a su padre?
—¿Papá? ¿De qué me estás hablando? ¿Qué tiene que ver mi esposo con esto?
—Lo siento, hija, lo siento mucho. Me equivoqué conti