Astrid miró a su esposo con una mezcla de sorpresa y diversión. No podía creer que él fuera tan inocente y crédulo. ¿Cómo podía pensar que eran pobres solo por una mentira que ella le había dicho a su hijo? ¿Y cómo podía ofrecerle papas fritas y batidos de leche como si fueran el mayor lujo del mundo?
Sin embargo, también sintió un poco de tristeza y frustración por él. A pesar de su amnesia y su confusión, él seguía siendo un hombre trabajador y responsable, dispuesto a hacer cualquier cosa po