Valery apagó la pantalla en silencio y tanto ella como Andrew se quedaron perplejos viendo el televisor. De todas las cosas que podrían haber esperado de Albert, aquella no estaba en la lista y eso no hizo más que enojar a Andrew, si es que era acaso posible.
—¡Ese hijo de la grandísima puta! —gruñó, dando un manotazo sobre el colchón, preso de la impotencia.
Valery lo vio y aunque quiso decirle que se calmara, sabía que no valdría de nada. Ella misma estaba bullendo por dentro de la rabia que