La fiesta estaba en todo su apogeo en el patio de la mansión Davis. El jardín estaba lleno de personas que bailaban y comían al sol de la música. Sentada en una silla de la mesa principal, Valery, aún envuelta en su elegante traje blanco, conversaba alegremente con su madre hasta que Andrew se acercó a ella con una sonrisa.
—¿Lista para irnos, señora Davis?
Todavía con el esmoquin puesto, se veía guapísimo a pesar de que tenía el moño de la corbata desecho y el cabello algo alborotado. En sus o