La delantera.
Los medios de comunicación adornaron todo el exterior de la mansión de Davis, en una fila como una manada de leones hambrientos, esperando la hora en que las puertas se abrieran.
La mayoría de los que habían llegado con bastante tiempo de antelación y se había ubicado en la entrada, buscando el mejor ángulo para llevar la noticia a las pantallas locales.
—Ya ha llegado la hora, padre —a sus espaldas, Óscar esperaba como un perro domesticado a que él diera la orden y Albert, quien contemplaba po