Albert se bajó del auto con su gracia característica y una sonrisa malvada se plantó en su rostro al ver que en su caída Valery se había lastimado el pie izquierdo y ahora renqueaba sin poder caminar.
En su rostro se veía el gesto de dolor y nada le causaba más placer que ello. Por su parte, ella se sostenía su vientre abultado en un intento de protegerlo cuando él se acercaba a ella con maldad.
—La mujer de los dos hombres, hasta que por fin nos volvemos a ver —comentó con una emoción que de