—¡Achú! —Daisy había estornudado varias veces durante la comida. Javier la miró con inquietud.
—¿Te sientes mal?
—No, no es nada. —Daisy se frotó la nariz—. Quizá me pasé con el picante. ¿No crees que esta gente echa chiles como si fueran gratis?
—¿Segura de que no te duele la garganta?
—Segura.
Aun así, Javier decidió servirle un vaso de agua.
—Toma un poco de agua, te sentará bien.
—¿Por qué los hombres creen que el agua lo cura todo? Para el cólico, para la gripe… —refunfuñó Daisy, aunque de