Daisy lo fulminó con la mirada, cruzándose de brazos.
—Sí, ya estoy un poco cansada. ¿Te parece si te encargas tú?
—… —Enzo, fastidiado, le devolvió el informe—. ¡Olvídalo! Él no se lo merece.
Cada vez que veía a ese "lisiado", se le revolvía el estómago. Y ni hablar de tener que trabajar como burro para él, ¡eso sí que no!
Daisy volvió a abrir el documento.
—Entonces, ¿quién quiere verme?
—Tu ex marido. —respondió Enzo con desgano.
—¿Acaso a Frigg se le complicó la "condición"? —calculó Daisy,