Capítulo 66
Carraspeó y preguntó con voz grave:

—¿Quién es?

—La señorita Mero y su madre.

La luz en su mirada se apagó de golpe, como una vela a la que le soplan de pronto.

—No las recibas.

Pasó la noche esperando, pero la persona que deseaba ver no apareció. Fernando se plantó frente al ventanal que daba a la puerta principal y encendió un cigarrillo. Entre las volutas de humo, se dibujó una sonrisa amarga.

—¿Qué se supone que estoy haciendo?

***

Daisy, por su parte, quería ir esa misma noche a ver en secr
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