En un principio, Frigg fue a buscar a Daisy con la intención de fastidiarla, pero terminó recibiendo una paliza que casi la hace enloquecer de rabia.
Lo que más le indignaba era que, de regreso a casa, se quejó en voz alta:
—Fer, la señora Daisy cambió. Antes, sin importar lo que hiciera o dijera, siempre era tan dulce y gentil. Ahora se volvió aterradora… Hasta dudo que toda esa dulzura fuese real. ¿No será que fingía?
Fernando, con la mirada oscura y un tono distante, apenas le dedicó unas pal