—Lo siento, pero estoy trabajando —atajó Daisy con firmeza.
Su negativa fue tan tajante que Thiago, aunque la esperaba, no dejaba de sentirse contrariado.
Aun así, insistió, avanzando un par de pasos y en tono conciliador:
—Señorita La Torre, prometo que no le robaré más que el tiempo que dura una taza de café.
—No me gusta el café —respondió Daisy sin titubeos.
—… Podríamos tomar otra cosa que sea de su agrado.
—No acostumbro beber nada, solo agua mineral —replicó Daisy. Se acercó a la máquina