Había bastantes mesas libres, pero Thiago escogió una junto a la ventana.
Disimuladamente, echó un vistazo al lujoso auto negro que estaba estacionado al otro lado de la calle. Daisy dejó escapar una sonrisa fría, casi imperceptible, y al sentarse fue directa al grano:
—No tengo mucho tiempo, Thiago, así que si tienes algo que decir, hazlo ya.
Thiago sonrió y preguntó:
—Señora Suárez, ¿qué desea tomar?
Sabía que llamarla así la molestaría.
Tal como lo imaginó, Daisy frunció el ceño. Antes de que