—Sí, sí, sí. La próxima vez caminaré con más cuidado. —Thiago respiró aliviado al ver que el regaño había sido leve.
Con sus ojos oscuros, Fernando se mostró aún más desdeñoso:
—Parece que necesitas comer algo para nutrir el cerebro.
—¿Eh? —«¿De qué habla?», pensó Thiago, con el ceño fruncido—. ¿Qué hice mal esta vez?
Se quedó revisando mentalmente cada uno de sus actos, pero no halló nada inadecuado.
¿O quizá no lo había pensado lo suficiente?
En eso, Fernando habló con un tono enigmático:
—Hac