"Regreso inesperado" en sí no era el problema; lo preocupante era que Fernando ya la había visto.
¡Debería haber esperado un poco más para mostrarse, asegurándose de que él se hubiera marchado de la casa De Jesús!
«¡Qué error!» pensó Daisy, reprendiéndose internamente.
Pero ya no valía lamentarse; ahora lo urgente era encontrar una excusa creíble.
Fernando avanzaba con pasos firmes, pero la mente de Daisy se movía aún más rápido. Antes de que él pudiera decir algo, ella lo saludó con cortesía:
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