—¿Y si te dijera que sí?
Replicó él justo en el mismo instante en que el teléfono de Daisy empezó a sonar.
A la par, un auto apareció a toda velocidad. Lejos de reducir la marcha al verlos, siguió directo hacia ellos. Por un segundo pareció que iban a arrollarlos, así que Fernando envolvió a Daisy por la cintura y retrocedió con rapidez. Mientras tanto, la mirada de ella quedó clavada en el vehículo que se alejaba… Allí, al volante, iba Y.
«¿Tanto se enfada conmigo solo porque no acepté sus cond