El enojo de Blanca hervía por dentro.
—Hoy es el día de mi cuñada, ¿y tú entras por la puerta con Frigg, bien agarrados del brazo, llamando la atención de todos? ¿Te imaginas cómo debe sentirse ella?
Cuanto más hablaba, más se alteraba Blanca. Le habría gustado acercarse a Daisy al llegar, pero se encontró con Fernando y Frigg caminando con tremenda familiaridad, y se sintió incapaz de hacerlo. Estaba a punto de seguir reclamándole, cuando de pronto se aproximó una doncella.
—¿Es usted la señori