La luz del amanecer se filtraba suavemente por las cortillas de seda del dormitorio, iluminando el perfil de Olivia donde yacía despierta. Lion se movió a su lado, y su brazo, pesado y protector, buscó instintivamente su cintura para atraerla hacia sí. Era un gesto habitual, un recordatorio mudo de su presencia, de su posesión amorosa. Pero esta vez, Olivia no se dejó envolver. Se giró lentamente para mirarle, y la expresión en sus ojos lo detuvo en seco.
No había dolor, ni rabia, ni la confusi