La súbita elevación del separador de cristal tintado sumió el compartimiento trasero en una intimidad repentina y absoluta. El zumbido del motor se convirtió en un runrún lejano, y el mundo exterior, Beatriz, las traiciones, el Grupo Winchester, se desvanecieron como un mal sueño. Solo quedaban ellos, en la penumbra dorada por las luces tenues del techo, y la pregunta cargada de electricidad que flotaba en el aire.
El corazón de Olivia latía con tanta fuerza que sentía el eco en sus sienes. La