El silencio en el salón de la mansión Winchester era tan denso que se podía cortar con un cuchillo. La acusación de Olivia había caído como una bomba, y sus ondas expansivas congelaron a todos los presentes. Allison, que era el blanco directo de la pregunta, abrió los ojos como platos, articulando una máscara de inocencia lastimera perfectamente ensayada que se apoderó de sus facciones.
—¿Yo? ¿Liberar a Beatriz? —Su voz sonó débil, temblorosa, y estaba cargada de una confusión que pretendía ser