(Narración en tercera persona)
Caleb cruzó la puerta principal con el peso de la frustración aun agarrotándole los hombros. El eco de las palabras de Olivia aún resonaba en sus oídos como un zumbido persistente. Necesitaba silencio, necesitaba un respiro de la guerra que parecía estallar a su alrededor. Pero la mansión no le ofreció refugio.
La voz de su madre, Jennifer, cortó el aire desde el salón, afilada y desprovista de cualquier calor maternal. No era un grito, sino algo peor: un tono bajo