293: La Grieta en la Montaña.
La tensión era ahora un cable de piano estirado al límite, a punto de romperse en un chillido discordante. Los Urales habían vuelto a guardar silencio, pero era el silencio del golpe después del trueno, pesado y cargado de consecuencias. La Red Mercurio y los sistemas de Aurora escuchaban con una intensidad que hacía doler los oídos electrónicos.
Dos días después de la explosión sónica, llegó una nueva señal. No era de frecuencias, sino de un satélite comercial de observación terrestre. Mostrab