El mundo no se detuvo por el informe de Aurora sobre bio-resonancia, pero un temblor sí recorrió sus cimientos más ocultos. En los círculos de inteligencia, el documento fue diseccionado palabra por palabra. En los foros científicos, fue motivo de escarnio para unos y de inquietante fascinación para otros. Y en la red oscura donde Aris Thorne seguramente merodeaba, fue un revés. Su «escalpelo» sónico ya no era un secreto único; su antídoto potencial estaba siendo sembrado en un centenar de labo