El aire en la sala de control del búnker era tan denso que se podía cortar. Las tres figuras térmicas en la pantalla se habían detenido a cien metros de la entrada oculta, agazapadas entre la espesura. No avanzaban. Escaneaban.
—No son un asalto frontal —murmuró Gabriel, sus dedos sobre los controles táctiles que activaban medidas disuasorias no letales: emisores de sonido disuasorio, luces estroboscópicas desde posiciones ocultas, dispersores de gas lacrimógeno de corto alcance—. Son reconocim