El jet privado, ahora una herramienta más de la «transparencia operativa» (su uso y coste serían detallados en el próximo informe de los Cartógrafos), atravesó los cielos grises hacia los Alpes suizos. A bordo, además de Clara, Gabriel y Samuel, viajaba un nuevo miembro: la Dra. Anya Petrova, una biofísica rusa especializada en acústica de fluidos corporales, reclutada urgentemente por Samuel para dar sentido a los oscuros datos del proyecto «Lymph-Sinfonie».
—La teoría era marginal, pero no de