La suite del Grand Hotel Edelweiss se había convertido en un vestidor de alta costura y un arsenal. Sobre la cama, Olivia contemplaba dos vestidos. Uno, un modelo de seda color champán, elegante y discreto. El otro, un Valentino rojo pasión, un escote pronunciado y una falda que era un desafío. Era el vestido que Lion le había regalado para su primera gala benéfica juntos, una noche en la que ella aún se sentía como una intrusa.
—Lleva el rojo —dijo la voz de Lion desde la puerta. Ya vestía un