El silencio dentro del conducto de ventilación era absoluto, roto solo por el zumbido lejano de los servidores y los gritos amortiguados de los guardias que recorrían el chalet. Samuel, compactado en el espacio estrecho, no se movió. Su cuerpo, entrenado para la eficiencia absoluta, consumía el mínimo de oxígeno. Sus sentidos, amplificados hasta lo inimaginable, mapeaban el caos exterior a través de las vibraciones en el metal.
—Samuel, informe —la voz de Gabriel en su oído era un hilo de calm