El viaje de regreso a la mansión Winchester fue un silencio elocuente. Olivia miraba por la ventana de la limusina, la ciudad iluminada era un río de diamantes negros y fuego frío. No sentía euforia, ni el vacío que a menudo sigue a la venganza. Sentía… una calma resuelta. Había mirado al abismo y, en lugar de caer, había aprendido a navegar sus corrientes. El espectáculo de la destrucción de Allison y Caleb no le había provocado placer, sino una confirmación: el mundo que ellos representaban—e