El suave “Clic” de la cerradura al destrabarse resonó tan fulminante como un disparo en el silencio del amplio pasillo desierto. Allison contuvo la respiración, con su mano, que había dado la orden de abrir la puerta, aún suspendida en el aire, temblando cuál cachorro asustado. Por un momento eterno, nadie se movió. Era como si el universo entero contuviera el aliento, esperando el cataclismo que se gestaba al otro lado de esa puerta de madera maciza.
Hasta que Olivia fue quien, con una calma q