Las luces estroboscópicas de los patrulleros pintaron la fachada del restaurante de azul y rojo, como un espectáculo grotesco que atrajo las miradas de los transeúntes. Allison, con los brazos sujetos a la espalda, fue conducida a un vehículo policial sin oponer resistencia. Su histeria se había disipado, reemplazada por un vacío aterrado. Las palabras de Lion, cargadas de una promesa de ruina, resonaban en su mente como una campana de funeral.
Olivia no prestó atención al drama. Su mundo se ha