El zumbido del teléfono al colgar se fundió con el silbido ensordecedor en los oídos de Caleb. La habitación giraba a su alrededor, no por el alcohol, sino por el vértigo de la revelación. Beatriz, esa arpía, lo había utilizado como un peón desechable. Y ahora, Lion, su tío, el hombre cuya furia podía congelar el infierno, estaba detrás de su cuello. Sabía que él había sido el arquitecto inicial de la pesadilla de Olivia.
Entonces, una necesidad urgente y visceral lo invadió. Necesitaba ver a O