—¡Cuñada! —exclamó Cintia, entre sollozos al ver a Gabriela.
“¿Tú provocaste su accidente?” Gabriela gesticulaba en lenguaje de señas, con las manos casi apuntando a los ojos de Noelia.
—¡¿Gabriela, estás loca o qué?! ¡Estoy embarazada! —gritó Noelia, presa del pánico.
Gabriela la empujó hacia el sillón, donde Noelia cayó pesadamente.
“¿Embarazada? ¿Y eso qué me importa? ¿Es mío, acaso?” respondió con sarcasmo, mientras sacaba su teléfono. “Acabo de grabar cómo atacabas a Cintia. Te pregunto por