Oliver abrió la boca, intentando replicar, pero algo lo contuvo.
Cerró los labios con amargura y bajó la cabeza, aceptando la determinación de su nieto sin emitir palabra.
***
—¿Qué dijiste?
Gabriela se volvió hacia Carmen.
—Mañana a las nueve. Puedes ir primero a casa por tus cosas, pero no vayas a llegar tarde —respondió Carmen, agotada, sin ánimo de entrar en más detalles.
«Divorciarse tal vez sea lo mejor», pensó Carmen. Que cada uno siga su camino y corte con tanto dolor sangrante. Suspiró