Sus brazos eran tan delgados como varillas, y al tratar de sostener el álbum para dárselo a Gabriela, le temblaban de la debilidad.
Gabriela extendió la mano y lo recibió.
—Ábrelo.
Gabriela hizo caso y, en cuanto pasó la primera página, vio una fotografía de grupo. Distinguió con facilidad a Mattheo y a otros empresarios que hasta la fecha seguían siendo bastante conocidos.
—El asesino de tus padres está entre esas personas —dijo Iliana con cierto entusiasmo morboso—. ¿No te emociona, pequeña mu