La mujer, que lloraba con desesperación, se quedó paralizada en cuanto lo escuchó. Entonces Eliseo se agachó hasta su altura; su hermoso rostro destilaba una dulzura que contradecía por completo sus palabras. Con un ademán tierno, acarició la mejilla pálida de Sofía:
—Sofía, yo amo a Álex. Si no fuera así, no habría permitido que se criara aquí, apartado de todo. La muerte de Natalia y Luis no es responsabilidad tuya; fue ella misma quien notó las coincidencias en las fotografías donde aparecías