Al fondo, por fin, distinguieron el número 3602.
—Señorita… —susurró Soren con un deje de inquietud.
Gabriela le respondió con una leve sonrisa y se dio unos golpecitos en el bolsillo de la chaqueta:
—Tranquilo, llevo conmigo lo que me diste.
Soren asintió con gesto preocupado:
—Estaré justo fuera. Si notas cualquier cosa extraña, llámame de inmediato.
—De acuerdo.
Con un suspiro que le permitió liberar algo de tensión, Gabriela empujó la puerta de la habitación 3602 y entró, dispuesta a descubr