Álvaro entró en silencio, y en un santiamén, se acomodó en la cama por el lado opuesto al de Gabriela, con cuidado de no despertarla. Esperó un par de segundos, atento a cualquier movimiento, y al no percibir reacción, se fue acercando centímetro a centímetro hasta rodearla con sus brazos.
Para mimetizarse con su aroma, en la ducha había optado por el mismo gel de baño que ella usaba, aunque ahora, al oler su cabellera, se dio cuenta de que el olor no era exactamente igual. Ese perfume provenien