—¿Noelia? ¡Soy papá! —La voz ansiosa de Iker llegó antes que cualquier palabra de ella.
—¡Papá, estás vivo! —sollozó Noelia, con lágrimas que se deslizaban sin control—. Creí que Gabriela ya había acabado contigo. ¡Me encerraron en un manicomio! Tienes que sacarme de aquí cuanto antes.
Un escalofrío la sacudió mientras hablaba, aferrándose a la idea de que Iker podía ser su única tabla de salvación.
—Te dije siempre que esa perra de Gabriela no debía volver a la familia García, —siguió desahogán