Gabriela pasó un buen rato en aquel pequeño patio, respondiendo uno a uno los mensajes que se habían acumulado durante el día.
La que más había escrito era Marcela, despotricando sin cesar contra su nuevo primer bailarín y rogándole a Gabriela que fuera cuanto antes a rescatarla de su suplicio.
Al terminar de atender todos esos textos, Gabriela sintió que su estado de ánimo mejoraba un poco.
Se puso en pie y regresó al interior.
Nada más entrar en la sala principal, Oliver, que aguardaba allí, s