Pero no eran los que ella y Cristóbal habían ordenado.
Eran los mismos que, en su momento, había elegido y preparado con dedicación para compartir con Álvaro.
Él ya los había comido una vez con Noelia.
Gabriela pasó la mirada por los platillos impecablemente decorados y sintió una ola de asco.
Rápidamente, tomó el vaso de agua con limón y bebió dos sorbos para calmarse.
Al terminar de beber, tomó una cuchara y empezó a comer la crema de champiñones frente a ella.
Lo pensó de manera simple: si Ál