Gabriela se lavó la cara con agua fría y miró su reflejo en el espejo. Tenía el rostro pálido, los ojos hinchados y el semblante sin vida.
No podía seguir así.
¡Tenía que encontrar la manera de librarse de Álvaro de una vez por todas!
Porque, más que el desprecio que Álvaro le había mostrado en el pasado, lo que realmente la desgarraba era verlo, con ese rostro idéntico al de Emiliano, recurriendo a cualquier artimaña para amenazarla, aplastarla, e incluso intentar someterla...
Salió del baño.
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