405. EL SALTO AL VACÍO
LILIAN:
Pero yo no puedo dejar de llorar. Estoy consciente de que Ale debe estar ahora mismo muy arrepentido de dejar al mafioso bruto dominarlo. Pero no debió hacerme esa humillación, no le he dado motivos para desconfiar así de mí. Poco a poco me duermo llorando, abrazada de Migue, pues me tomé dos somníferos muy fuertes. Ale llenó una gaveta de ellos para tener.
—Lili, Lili, despierta —abro los ojos todavía sintiéndome adormilada.
—¿Qué pasó, Migue? ¿Llegamos? —miro hacia la ventanilla y