404. ESCAPANDO DEL DOLOR
LILIAN:
Cerré mis ojos para no explotar; en estos momentos no necesitaba que nadie cuestionara mis órdenes. Al final, en este momento no importaba si iba a Rusia o al infierno mismo; lo único que necesitaba era espacio, distancia… y el tiempo necesario para encontrar la forma de poner en jaque al maldito Capo Minetti.
—Humberto, ¿quién es tu jefa? —mi rabia se escucha en mi voz.
—Usted, señora, pero… es mi deber, como jefe de su seguridad, advertirle del peligro —insiste en oponerse.
—¡Ha