401. EL DESCUBRIMIENTO
ALESSANDRO:
Lo miré con incredulidad. La angustia lo consumía , y eso me hizo sentir un dolor en el pecho. La desconfianza normales en mi mundo había calado muy profundo en mí. La imagen de su rostro consternado por el dolor y la desesperación, contrastaba con la siempre frialdad de la vida que llevaba, y verlo así me atravesaba como un cuchillo.
—Sí confío en ti, no es eso. Me daba vergüenza preguntarte, no sé Rufo, no pensaba con claridad, me sentí burlado —apreté con fuerza el hombro de mi