402. DECIDIDO A TODO
ALESSANDRO:
La revelación retumbó en mi mente como un eco. Miré a Rufo, con los ojos abiertos de asombro, preguntándome si él también había captado la magnitud de lo que acabábamos de escuchar.
—¿Has oído eso? —le murmuré, tratando de contener mi emoción.
—Sí, Ale. ¿Quiénes creen que sean? —siguió susurrando, todavía con el semblante concentrado. —Sigamos escuchando.
Las posibilidades se desplegaban ante mí como un mapa inexplorado. Desconocíamos mucho de todos los secretos de los dragone