310. EL DESEO CONTENIDO
MINETTI:
Estreché a Lilian queriendo tomarla en mis brazos y correr a la cama para consumar nuestro matrimonio ahora mismo. Pero me aguanté, no podía poner en riesgo su salud. Rufino había sido muy claro: debía cuidarla como si fuera un cristal, una piedra preciosa. Había estado a punto de perderla; no debía ponerla en peligro.
—Vamos, cariño, no digas eso. Ya te dije que es normal. Estamos enamorados y nos gustamos. Ven, tócame a mí —digo mientras dirijo su mano a mi erección—. ¿Ves? No ere