223. EN CASA DE DAMIÁN
MINETTI:
Camino de un lugar a otro, paseándome desesperado y gritándole a mis hombres que debían cuidar a mi esposa. No puedo entender que haya fallado la gran seguridad que le puse a Lilian, ¡es mi cuerpo élite! Los miro en la habitación, de pie frente a mí, con la cabeza baja.
—¿Cómo pudieron dejar que la cogieran? ¡¿Cómo?! —pregunto una vez más, queriendo saber cada detalle. —¿Qué diablos pasó?
—Señor, ya conoce usted a la señora Minetti, ella siempre quiere hacer lo que quiere —contesta uno de mis hombres que la cuidaban. —Se nos escapó cuando estábamos ayudando a Estefan y a Humberto. Por mucho que la buscamos, no la encontramos. Le dijimos que se quedara en el círculo de seguridad, pero al regresar no estaba. ¿Qué fue lo que pasó, jefe?
Me detuve para mirarlo, resoplando. Lo sé, es mi culpa. No debí saltar la mano de mi esposa. De inmediato le cuento que había entrado al baño un momento y me encerraron. Eran muchos, todos con cuchillos y el espacio reducido, pero logré her