223. EN CASA DE DAMIÁN
MINETTI:
Camino de un lugar a otro, paseándome desesperado y gritándole a mis hombres que debían cuidar a mi esposa. No puedo entender que haya fallado la gran seguridad que le puse a Lilian, ¡es mi cuerpo élite! Los miro en la habitación, de pie frente a mí, con la cabeza baja.
—¿Cómo pudieron dejar que la cogieran? ¡¿Cómo?! —pregunto una vez más, queriendo saber cada detalle. —¿Qué diablos pasó?
—Señor, ya conoce usted a la señora Minetti, ella siempre quiere hacer lo que quiere —contesta