222. ATRAPADA POR EL ENEMIGO
LILIAN:
Voy rezando en mi cabeza, sintiendo cómo mi corazón se contrae con el miedo de perder a mi esposo. Doblo en una esquina, no veo a nadie. Ahora la sangre son solo gotas; avanzo, voy sola. Los hombres de seguridad los he perdido. Me doy cuenta de que por aquí se va al parqueo. No deben haber traído a Ale aquí, pienso. Giro para regresar y, cuando lo hago, enfrente de mí, risueño, está Demon. Está herido; es la sangre de él la que he seguido.
—Hola, preciosa, al fin eres mía —me saluda