222. ATRAPADA POR EL ENEMIGO
LILIAN:
Voy rezando en mi cabeza, sintiendo cómo mi corazón se contrae con el miedo de perder a mi esposo. Doblo en una esquina, no veo a nadie. Ahora la sangre son solo gotas; avanzo, voy sola. Los hombres de seguridad los he perdido. Me doy cuenta de que por aquí se va al parqueo. No deben haber traído a Ale aquí, pienso. Giro para regresar y, cuando lo hago, enfrente de mí, risueño, está Demon. Está herido; es la sangre de él la que he seguido.
—Hola, preciosa, al fin eres mía —me saluda con voz ronca—. Tú sola has venido, sabía que lo harías. Que me reconocerías.
Llevo instintivamente mi mano a mi cartera, pero Demon me apunta con un arma. El ruido de los pasos de mis guardias, junto a sus voces llamándome, se escucha. Me coloca en la frente el arma y me hace entrar en un closet junto a él. Lo hago tratando de pensar en cómo escapar.
—Esta vez nadie te va a rescatar —me dice bajo, me rompe la blusa y observa mi tatuaje—. No importa que Minetti hiciera eso; yo puedo ver mi