Mundo ficciónIniciar sesiónCuando todos los demás me lo decían yo lo defendí. Ahora entiendo porque se llevaba tan bien con la jefa. Ella es su cómplice en todo, por eso no coincidían nunca nuestras guardias, o descansos. Pienso, pienso y pienso mientras siento la caricia de los labios de Alessandro sobre los míos.
No dice nada, sigue besándome más profundamente, introduce su lengua provocando miles de sensaciones, me aprieto a él y le respondo desesperadamente el beso. Se deja hacer, me sigue el ritmo, pero a la vez me dirige. Desliza sus manos por mi espalda, al tiempo que me aprieta contra él, sigue repartiendo besos por mi rostro, mis ojos, mi nariz, mi cuello, mientras me acaricia. Regresa a mis labios para devorarlos con tal pasión, que me hace olvidar de todo como el día del ataque de pánico. Lo hace con maestría, haciendo que todo mi cuerpo sienta su hombría, y me






