175. LOS ENEMIGOS

EVA:

Llegué furiosa a casa, seguida por Eva. Tiré mi bolso y todo lo que encontré a mi paso, y luego, al girarme, vi a Eva mirándome en silencio. Sin pensarlo, le propiné dos enormes bofetadas.

—¿Para eso te di tanto dinero? —le grité—. ¿La viste? ¡La señora Minetti, la señora Minetti! ¿Cómo diablos se convirtió esa estúpida en la señora Minetti?

—Galatea, cálmate. Yo hice todo lo que me pediste —contestó Eva acariciando su mejilla—. Le pagué al Pelirrojo para que quitara a los hombres de la entrada de la iglesia. Hasta tuve que acostarme con él. Le mandé el mensaje que me enviaste. No es mi culpa si el señor Minetti no la mató y se casó con ella. ¿Estás segura de que es Lilian?

—No lo sé. Es que miraba a Adriano de una manera... Por mucho que trató de disimular, se vio que se asombró cuando mi suegra dijo que yo era la prometida de Adriano —recordé la escena en el baile—. No le quitaba la vista de encima, lo fulminaba con su mirada carmelita. Parecía que quería matarlo. Adriano
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